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FALLECE PEDRO CALAHORRA

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IN MEMORIAM PEDRO CALAHORRA MARTÍNEZ (Zaragoza, 1932-2026)

Siguiendo ese fatal y estadístico "efecto cumpleaños", justo cuatro días antes de que alcanzara los noventa y cuatro, el pasado 12 de enero de 2026, falleció en su natal Zaragoza el presbítero y musicólogo Pedro Calahorra Martínez, personalidad esencial del patrimonio sonoro aragonés y una de las figuras más prestigiosas y queridas de la investigación y la práctica musical históricamente informada de la segunda mitad del siglo XX, creador -con José Luis González Uriol- de la Sección de Música Antigua de la Institución Fernando el Católico (IFC) y cofundador de la Sociedad Española de Musicología (SEdeM).

Imposible saber cuál de sus dos vocaciones, la religiosa y la musical, surgió antes en este niño, nacido el 16 de Enero de 1932, que con siete años entra de Infante de Coro en la Catedral de San Salvador -La Seo- de Zaragoza. Terminada en 1944 esta tradicional formación como "infantico", bajo el magisterio de Don Gregorio Arciniega, y tras un breve periodo laboral, Pedro Calahorra hace la carrera eclesiástica -en el Seminario de Alcorisa- que finaliza con su ordenación sacerdotal en 1958. Poco después se desplaza a Roma, como alumno del Pontificio Istituto di Musica Sacra, donde será alumno tanto del padre de la moderna ciencia musical hispana, Monseñor Higinio Anglés, como del célebre gregorianista Dom Eugène Cardine, obteniendo en 1961 el Magisterio en Canto Gregoriano (titulación equiparada por el Ministerio de Educación al título de Profesor Superior de Música Sacra).

Tiene, ya de nuevo en España, su primer puesto eclesiástico como párroco de Villafeliche (Zaragoza), más tarde encargado de la Parroquia de San Pio X, de Zaragoza, y finalmente vicario parroquial de la zaragozana Parroquia de San Braulio, cargo en el que se mantendrá cincuenta y cuatro años, desde 1969 hasta 2023. Compaginando con estas tareas eclesiales su vocación musicológica, recibe un decisivo apoyo al ser becado por la Fundación Juan March (en 1970 para una investigación acerca de la música en Zaragoza en los siglos XVI y XVII, en 1973 para trabajar sobre la vida y obra de Pedro Ruimonte y en 1977 para, junto a Javier Barti, realizar un estudio sobre iconografía musical aragonesa), obteniendo en 1975 una primera recompensa con el premio del Concurso Permanente de Composición e Investigación Musical del Ministerio de Educación y Ciencia.

Transitando fructíferamente en esa España en plena ebullición política y cultural, en el final de la década de los setenta sus artículos y libros (en especial Historia de la música en Aragón (siglos I-XVII) -Librería General, 1977- y La Música en Zaragoza en los siglos XVI y XVII. I. Organistas, organeros y órganos y La Música en Zaragoza en los siglos XVI y XVII. II. Polifonistas y Ministriles -Institución Fernando el Católico, 1977 y 1978-) le convierten en joven patriarca de la música aragonesa (junto con el también sacerdote y musicólogo toledano José Vicente González Valle -1935-2019-, canónigo prefecto de música de las Catedrales zaragozanas), así como también le granjean una unánime acogida en la entonces naciente nueva musicología española.

Importancia decisiva tendrá su papel de cocreador, en 1979, junto con el afamado teclista zaragozano José Luis González Uriol, de la Sección de Música Antigua de la Institución Fernando el Católico (Fundación Pública, de la Diputación Provincial de Zaragoza, liderada por reconocidos artistas e intelectuales como Ildefonso Manuel Gil, Guillermo Fatás y Gonzalo Borrás -y ayudados por memorables secretarios como Antonio Serrano Moltalvo, José Barranco y Álvaro Capalvo- que en los momentos decisivos siempre apoyarán generosamente la música). Desde esta nueva sección musical se organizarán -siendo Pedro Calahorra responsable de su secretaría permanente- los prestigiosos Cursos y Festivales Internacionales de Música Antigua de Daroca, cita anual que permanece hoy activa cuando se acerca ya a su medio siglo, y en cuyos cálidos veranos darocenses no dejaron de producirse algunos complicados encuentros entre la católica moralidad del P. Calahorra y la libertad de costumbres de unos profesores e intérpretes más cercanos al espíritu jipi del momento.

Bien funcionó también, en ese mismo intenso año musical 1979, en el que se conmemoró el tricentenario de la muerte de Pablo Bruna (el célebre "Ciego de Daroca"), a partir de los Encuentros de Música Ibérica iniciados en Zaragoza en diciembre de 1977 (con personalidades insignes como M.S. Kastner), que la segunda edición -en septiembre de 1979- se celebrase como conclusión del "I Congreso Nacional de Musicología", pionera cita española de esta naturaleza que justificadamente tuvo lugar en la ciudad de Zaragoza, y de la que Pedro Calahorra fue principal anfitrión en tanto que vocal de la Junta Directiva Fundacional de la Sociedad Española de Musicología -con el P. Samuel Rubio como primer Presidente- y miembro del Consejo de Redacción de la Revista de Musicología, entonces bajo la dirección de Dionisio Preciado. El propio Calahorra recordaba frecuentemente cómo en ese feliz encuentro unos y otros se asombraban al verse cara a cara, por vez primera, tras llevar mucho tiempo leyéndose mutuamente sus respectivas publicaciones.

Imprescindible ya en los ámbitos culturales aragoneses, Pedro Calahorra será también miembro del fundacional Consejo de Redacción de Aragonia Sacra (revista de investigación de la Comisión Regional del Patrimonio Cultural de la Iglesia en Aragón, dirigida por Domingo J. Buesa), y más tarde vocal de la primera Comisión Asesora de Órganos Históricos creada por el Departamento de Educación y Cultura de la Diputación General de Aragón, comunidad que será líder y modelo en la restauración y puesta en activo de los estos valiosos instrumentos tan queridos y estudiados por Calahorra.

También dentro de las múltiples actividades integradas en las tareas de la Sección de Música Antigua de la Institución Fernando el Católico, Pedro Calahorra asumirá la dirección de Nassarre. Revista Aragonesa de Musicología (y no solo de musicología aragonesa) desde su fundación en 1985 hasta 1994, publicación de la que volverá a ser director, entre 2007 y 2017, hasta entregar en 2018 el testigo al actual equipo de la misma liderado por su estrecho colaborador Jesús Gonzalo.

Entre muchas otras iniciativas, Calahorra fue el alma del Congreso Internacional La Música Española del Renacimiento, con el que se conmemoró, en noviembre de 1986, el IV centenario de la muerte del insigne polifonista y maestro de capilla de La Seo de Zaragoza, Melchor Robledo, músico que, junto con Pedro Ruimonte (del que editó su Parnaso Español de Madrigales y Villancicos -IFC, 1980- y sus Misas -SEdeM, 1982-), ha protagonizado algunos de su más relevantes estudios y transcripciones (tanto de misas, pasiones y motetes como de composiciones en castellano).

Recibió Pedro Calahorra quizás de su padre, que trabajó como linotipista, el amor por la buena edición. Y para ese ideal contó con ayudas esenciales, primero las del taller monacal de la benedictina María Teresa Pintó y luego las profesionales de la imprenta de Paquita y Pepe Navarro, así como la colaboración siempre eficaz del modélico funcionario de la IFC Félix Sánchez. De esos cuidados nacieron muchas espléndidas monografías, hermosos facsímiles y algunas colecciones especiales como Polifonía Aragonesa, Tecla Aragonesa y más tarde Cuadernos de Daroca, en las que han colaborado relevantes especialistas dando a conocer repertorios hasta entonces inéditos en sus variados volúmenes.

Realmente es admirable que la ininterrumpida labor pastoral, su permanente coordinación de las múltiples actividades y ediciones de la sección musical de la Institución Fernando el Católico, y su constante labor investigadora (centrada en los fondos musicales de los archivos de las Catedrales de Tarazona, Jaca y la Colegial de Daroca), no le impidieran su asidua y generosa participación en todo tipo de congresos históricos, musicales y musicológicos, tanto nacionales como internacionales (entre los que cabe destacar las muchas y celebradas Jornadas de Canto Gregoriano, con sus ponencias, conciertos y ediciones), así como numerosas conferencias, coloquios, clases magistrales, y un largo etcétera que se completa con multitud de informes técnicos para entidades públicas y privadas, frecuentes colaboraciones y ayudas al trabajo de otros investigadores, asesorías musicales para grabaciones discográficas incluyendo los textos de sus carpetas, centenares de artículos de divulgación en periódicos y revistas generales así como en publicaciones culturales y artísticas, además de innumerables servicios generosos a cuantos estudiantes o aficionados, profesores y profesionales se han acercado pidiéndole consejos y materiales musicales.

Asombro aún mayor causa que su trabajo y prestigio aumentase sin que perdiera nunca su personal sencillez y modestia (ejemplificada en el austero piso que compartió durante casi toda la vida con su hermana y su hermano, también sacerdote). Anécdota que bien puede elevarse a categoría, cuando al "cura Pedro" (como le gustaba llamarse a sí mismo) le preguntaba algún visitante despistado por qué no tenía en casa una gran biblioteca acorde con su justa fama, con socarronería aragonesa Calahorra le respondía: "yo, los libros, los escribo".

La circunstancia, hace ahora justo treinta años, de su salida como director de Nassarre. Revista Aragonesa de Musicología, me permitió el honor de, como nuevo director de la misma, editar en su homenaje el volumen XI, 1-2 (1995). Un simple vistazo a quienes figuran en el mismo (sin agotar el listado, destacan compositores como Carles Guinovart o Agustín Charles, eruditos estetas universitarios como Francisco José León Tello o Ángel SanVicente, representantes de las grandes bibliotecas musicales como Joana Crespi, veteranos musicólogos como José María Llorens y Dionisio Preciado o Jesús María Muneta, junto a jóvenes pero ya prestigiosos investigadores caso de Maricarmen Gómez y Paloma Otaola o el más estrecho colaborador de Calahorra, el gregorianista Luis Prensa) muestran la amplitud de miras temáticas y la unánime admiración transgeneracional que Pedro Calahorra había alcanzado cuando, entonces, apenas había entrado en la sesentena. Otras personalidades no estuvieron presentes con sus artículos en ese homenaje, pero la profunda amistad y respeto compartidas durante décadas se mostró sobradamente en otras muchas valiosas colaboraciones, como sucedió con Miguel Manzano, Lothar Siemens e Ismael Fernández de la Cuesta, las hermanas Salud y Rosario Álvarez Martínez así como José Sierra o Emilio Rey, entre otros.

En esa edición homenaje ya recordábamos, siguiendo a Hans Urs von Balthasar en su monumental Gloria. Una Estética Teológica cómo, con la modernidad, la teología cristiana había terminado centrándose en el verum y el bonum, razón y moral, olvidando el pulchrum, la belleza y el arte. Si este célebre teólogo mostró hasta qué punto el abandono de esta no menos imprescindible perspectiva estética (que tan profundamente configuró en otras épocas a la teología) había empobrecido al pensamiento cristiano (y esa profunda reflexión está en la base conceptual del famoso P. José Velicia y sus memorables exposiciones Las Edades del Hombre), reiteramos ahora, nuevamente aquí, que los innumerables trabajos del incansable sacerdote y músico Pedro Calahorra, a lo largo de un intenso e ininterrumpido medio siglo, no han sido menos esenciales en la lucha por mantener unidos los tres inseparables transcendentales.

Valga, unido a lo mucho ya señalado en el campo profesional del estudio y la difusión, un buen ejemplo práctico y modesto de esa sabia mixtura: la Coral Amigos del Canto Gregoriano, grupo de aficionados entusiastas que Pedro Calahorra fundó y dirigió en un personal ejercicio de pastoral musical.

Importante y querido, aunque quizás no de verdad recompensado ni local ni estatalmente al nivel de su valiosa aportación, Pedro Calahorra fue consejero de número de la Institución Fernando el Católico y académico correspondiente de la Real de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza. En 2014 recibió el Premio de la Fundación Uncastillo "por su larga y fructífera trayectoria en la recuperación, investigación y difusión del patrimonio musical aragonés". Y en 2018, con motivo de la XL edición del Curso y Festival Internacional de Música Antigua de Daroca, programación liderada junto al citado González Uriol por el catedrático y organista zaragozano Javier Artigas, se rindió un emotivo homenaje a Pedro Calahorra mediante un recital, celebrado el 9 de agosto en la hermosa Iglesia de San Miguel, con Lucía Martín-Cantón y los Ministriles de Marsias como interpretes.

Sirva para concluir esta apretada síntesis vital, contrapunteada entre la religiosidad y el arte, el dulce consuelo espiritual y poético de los inolvidables versos de Manrique, aplicados aquí a nuestro querido e inolvidado Pedro: " [...] dio el alma a quien se la dio / el cual la ponga en el cielo / y en su gloria, / y aunque la vida perdió, / dejónos harto consuelo / su memoria."

Dr. Álvaro Zaldívar Gracia