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La música para piano de Facundo de la Viña (1876-1952)

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Las primeras creaciones para piano del compositor y pianista gijonés Facundo de la Viña son piezas de salón marcadamente románticas. Los primeros cinco años del siglo XX -años de ampliación de estudios en París, en los que recibió lecciones de Paul Dukas- fueron de clara influencia de las corrientes estéticas europeas y del impresionismo. Entre 1925 y 1936 Facundo de la Viña no escribe para piano pero a partir de entonces se inicia el periodo -que llega prácticamente al año de su muerte- con mayor presencia de obras para el instrumento en las que vuelve al lenguaje romántico, de estructura formal clásica aunque con recorridos tonales más atrevidos acentuando la ambigüedad modal.

 

Las inquietudes orquestales de Facundo de la Viña se decantaron por el poema sinfónico como esquema formal, influido por el impacto que la obra de Richard Strauss le produjo cuando en 1898 el alemán visitó Madrid por primera vez. Son los mismos años en los que el conocimiento de las teorías de Federico Olmeda y Felipe Pedrell sobre la importancia del canto popular llevó a De la Viña a convertir la inspiración en el folklore de Castilla en una constante en su producción.

 

Desde su regreso definitivo a España -en 1904- hasta 1928 el compositor vivió el éxito y el olvido en el marco de la producción musical nacional, entonces en ebullición. Fue uno de los pocos compositores españoles que, a principios del siglo pasado, consiguió hacerse un hueco en las programaciones de las Orquestas Sinfónica y Filarmónica de Madrid. Sin embargo, su inamovible estética posromántica –a excepción de breves incursiones en el uso de elementos impresionistas y neoclásicos− fue determinante para que sus obras no llegasen a permanecer en las programaciones nacionales. A pesar de esta coyuntura hay que destacar la presencia de Facundo de la Viña como miembro de la Junta Nacional de Música y Teatros Líricos así como del Comité Sinfónico de la Sociedad de Autores Españoles.

 

Facundo de la Viña fue uno de los compositores que permanecieron en España tras la finalización de la Guerra Civil adaptándose a la nueva realidad política y, tras entrar a formar parte en 1940 del Consejo Nacional de Música, se convirtió en una de las figuras más relevantes e influyentes del panorama musical del momento.