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VILLANCICOS DEL PADRE ANTONIO SOLER (1729-1783). Vol. IV: Villancicos, 26-34

Autor: Paulino Capdepón (edición) Nº: 614D009D

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En el período de florecimiento artístico que supone la entronización de la dinastía borbónica, la música española tiene en el Monasterio de El Escorial uno de sus centros difusores más significativos: allí llegará a mediados del siglo XVIII Antonio Soler, que había nacido en Olot, en 1729. Tras estudiar con Domenico Scarlatti y con José de Nebra, vicemaestro de la Real Capilla, Soler alcanzó el puesto de maestro de capilla, cargo que ejerció hasta su fallecimiento en 1783. Fue nombrado por el rey Carlos III maestro de música del infante don Gabriel, para quien compuso buena parte de su obra instrumental (sonatas de tecla, conciertos para dos órganos, quintetos, etc.). En su calidad de maestro de capilla del monasterio escurialense, Soler compuso un gran número de obras vocales: misas, lamentaciones, motetes, himnos, magnificats y villancicos, de los que hemos conservado 125. Según su adscripción al calendario litúrgico, cabe distinguir cuatro tipos de villancicos en la producción de Soler: de Navidad, del Corpus o del Santísimo, de San Jerónimo y de San Lorenzo. Por su dominio de la técnica imitativa y homofónica, por la combinación entre las formas de origen autóctono (seguidillas, tonadillas) y formas de origen foráneo (arias, recitados, minués) y por la magistral adecuación de los lenguajes vocal e instrumental, los villancicos de Antonio Soler suponen uno de los monumentos de la música española del siglo XVIII.

1992 / 356 páginas